Las Salinas del Río en Lanzarote

Si no conoces este espacio con más de cinco siglos de historia, tan especial, de la isla de Lanzarote te recordamos que puede ser visto desde el Mirador del Río. Actualmente está en rehalitación para poder disfrutarlo plenamente.

Está previsto que los trabajos de la segunda campaña den inicio a comienzos del próximo verano, una vez finalice la época de nidificación de las aves que viven en ese hábitat.

Si quieres saber brevemente su historia lee con atención este texto publicado por el Cabildo de la isla:

«Con una superficie total de unos 106.165 m², las Salinas del Río, o de Gusa, situadas al pie del Macizo de Famara, son las más antiguas de Canarias, iniciándose su construcción hacia el año 1500 por el primer Señor de Lanzarote, Sancho de Herrera. Su origen deviene de la existencia de una laguna salada que se interviene para aprovechar sus fondos naturales de barro, y al hecho de que se llenaban de forma natural por la intrusión marina.

Fueron las únicas del archipiélago hasta que en torno a 1760 empezaron a desarrollarse las salinas de Gran Canaria vinculadas a la pesca de berbería.

La primera estimación sobre la producción de sal en el archipiélago (José de Iriarte, 1780) establece que las del Río representaban el 20% de las 14.100 fanegas que se producían en las islas.

La primera inscripción de las Salinas del Río en el Registro de la Propiedad data de 1871.

A finales del siglo XIX, con el auge de las pesquerías del banco canario–sahariano, las salinas adquieren su actual dimensión.

Se estima que la producción de las Salinas del Río podría haber alcanzado las 1.300 toneladas al año, si bien el único dato del que se tiene constancia es de 1.000 toneladas al año.

En la década de los años 30 del pasado siglo comienza el declive de las Salinas del Río con el establecimiento de nuevas salinas en Lanzarote más accesibles y mejor comunicadas.

Con la aparición del frío, y hacia 1970, empiezan a desaparecer todas las salinas de Lanzarote. Las del Río, con sus más de cinco siglos de historia, se paralizaron definitivamente cuando los pescadores de La Graciosa abandonaron la práctica de recolectar la sal espontánea de la tajería para la salazón de la sardina».