De excursión por Lanzarote

De excursión por Lanzarote

La belleza de Lanzarote continúa desconcertando a todo aquel que se ha acercado a la Isla desde los primeros tiempos de su existencia.

Porque un recorrido por la denominada “Isla de Fuego” traslada al viajero a universos diferentes, donde la soledad de los conos volcánicos vestidos de tonos ocre y violeta o el tinte discontinuo del terreno impiden encontrar una referencia, cualquier semejanza con lo hasta ahora conocido.

Un entorno que todo el mundo coincide en proteger y conservar intacto para disfrute y enriquecimiento de los que habitamos este planeta. Con ese espíritu y, gracias a la labor de conservación de unos habitantes que saben vivir en comunión con la tierra y a la indudable aportación de César Manrique, Lanzarote fue declarada por la UNESCO, en 1993, “Reserva de la Biosfera”.

Es menester perder la mirada por la llanuras lunares, por las viñas dispuestas en un maravilloso anfiteatro de verdes, negros y purpúreos horizontes, en la falda de un volcán.

Los volcanes, siempre los volcanes, que, como señores de un territorio al que han dado vida, vigilan la vida tranquila de los habitantes de Lanzarote, desde sus cúpulas terribles y dormidas.

El caminante podrá reposar, tal vez, contemplando la traviesa fisonomía de una costa ininterrrumpida, privilegiada, en la que el viento y el agua se ha complacido en crear parajes excepcionales dignos de respeto y atento cuidado.